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España y las otras monarquías parlamentarias del siglo XXI

La forma monárquica de la jefatura del Estado ha presidido casi toda la historia de España y, en su moderna versión de monarquía parlamentaria, fue revalidada por los españoles, al votar masivamente la Constitución de 1978. Su doble legitimidad, histórica y democrática, es indiscutible. Pero no es ocioso reflexionar sobre los elementos de racionalidad diferencial que la monarquía parlamentaria aporta a una organización política democrática y que pueden ser singularmente valiosos.

El completo apartidismo y la neutralidad en el juego político, así como la estabilidad que proporciona en el horizonte de largo plazo, son aspectos propios, específicos, de la forma monárquica de la jefatura del Estado. Ambos son elementos de contrapeso que la democracia por sí misma no tiene y que pueden configurar una variante muy eficiente de esta. Así lo atestiguan los buenos resultados obtenidos por el conjunto de las monarquías parlamentarias actuales en cualquier aspecto de organización social que se examine objetivamente.

A ello responde, bajo el rótulo “España y las otras monarquías parlamentarias del siglo XXI”, esta contribución del Círculo Cívico de Opinión.

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