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Debate sobre Monarquías para el siglo XXI
El pasado 19 de febrero de 2018 se celebró el debate sobre Monarquías para el siglo XXI
Lunes, 19 de febrero de 2018 -  530 lecturas
El Círculo Cívico de Opinión considera que el completo apartidismo y la neutralidad en el juego político, así como la estabilidad que proporciona en el horizonte de largo plazo, son aspectos propios de la forma monárquica de la jefatura del Estado.
 
19 de febrero de 2018. Monarquías para el siglo XXI es el título del último debate organizado por el Círculo Cívico de Opinión y que se ha celebrado en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. La mesa ha estado formada por Victoria Camps, catedrática de Filosofía moral y política; Miguel Herrero de Miñón, político y jurista, es miembro permanente del Consejo de Estado; Juan José Laborda, director de la Cátedra Monarquía Parlamentaria de la Universidad Rey Juan Carlos; Emilio Lamo de Espinosa, catedrático de Sociología y presidente del Real Instituto Elcano. Moderador: Benigno Pendás, catedrático de Ciencia Política y director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. 
 
Victoria Camps sostiene que hay una contradicción muy presente en los debates políticos actuales: establecer una contraposición entre legitimidad democrática y legalidad. No se ven como cuestiones complementarias, sino opuestas. 
 
 
 

 

Los partidarios del principio republicano aducen dos razones para cuestionar a la monarquía: que no es igualitaria y que España no acaba de ser democrática porque la monarquía no ha sido refrendada por una consulta popular. Sin embargo, la igualdad de la ciudadanía no es un hecho: subsisten múltiples desigualdades; y, por otro lado, el voto a la totalidad de la Constitución de 1978 avala la monarquía parlamentaria. 
 
A pesar de ser hereditaria, la monarquía es meritocrática: tiene que justificar su legitimidad, demostrarlo cada día impulsando todo aquello que está implícito en sus obligaciones. 
 
La frase “nací para ello”, pronunciada por Juan Carlos I podría ser el resumen de la monarquía como principio aceptable. 
 
Miguel Herrero de Miñón afirma que la monarquía parlamentaria en el siglo XXI está en la punta de lanza del progreso social y la estabilidad política.  
 
Considera que el jefe de Estado no es esencial al parlamentarismo, pero es muy importante que haya un jefe de Estado que contribuya a la estabilidad y el buen funcionamiento del parlamentarismo. Se puede reinar sin gobernar porque la jefatura del Estado no entra en la competencia y amortiza un lugar de conflicto, asegurando que se gobierna de acuerdo al derecho y a la Constitución. 
 
Parafraseando a Weber, afirma que la monarquía funciona como un estrato protector garante del funcionamiento democrático. 
 
Para Juan José Laborda la monarquía parlamentaria no es un lujo inútil y prescindible de nuestro Estado, sino que se constituye como una forma fundamental del mismo y es “clave de bóveda” de nuestra pacífica convivencia democrática. Asegura un futuro de democracia avanzada, incluso mejor que la mayoría de las repúblicas. 
 
Considera que la monarquía parlamentaria de la Constitución de 1978 es un sistema político cosmopolita. 
 
Plantea que la pugna por dominar el futuro puede que sea entre las democracias representativas y las democracias de pensamiento único, y que Europa tendrá que asumir el liderazgo de ese desafío: las monarquías 
parlamentarias europeas serán la fortaleza para ganar esa ofensiva. 
 
 

 

Emilio Lamo de Espinosa se basa en diversos indicadores de reconocida calidad para afirmar que muchas de las mejores democracias del mundo son monarquías. “Es más posible que un sistema político sea libre y de mayor calidad si es monárquico que si es republicano”.  
 
A la pregunta de si las monarquías parlamentarias ejercen algún influjo positivo especial sobre el desarrollo de la sociedad, la respuesta es que sí y, en parte, se debe al carácter hereditario. La monarquía parlamentaria es un compromiso, sin límite temporal, entre la dinastía reinante y el país.  
 
Asimismo, representa a la totalidad de la nación en el espacio y en el tiempo: tiene una capacidad de representación intemporal. 
 
La estabilidad que proporciona la monarquía difumina, matiza y hace casi invisibles los cambios que pueden producirse bajo ella. 
 
“Todo lo sustancial puede cambiar porque lo simbólico se mantiene”. 
 
Benigno Pendás, por último, sostiene que las repúblicas parlamentarias están concebidas bajo la forma del jefe del Estado republicano y que las repúblicas presidencialistas constituyen una fórmula del antiguo monarca constitucional “republicarizado”. 
 
Afirma que la democracia española es mucho mejor gracias al artículo 1.3 de la Constitución, es decir, a que la monarquía parlamentaria es la forma política del Estado.
 

 

 

 

 

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