Círculo Cívico de Opinión

Circular de 26/10/2026:
El imperio de la geografía y el dilema climático

La historia de un pueblo, como señalara Braudel, es inseparable del territorio que ocupa. De ahí que, dentro del tiempo histórico, contemplara el tiempo geográfico como el sustrato acaso más perdurable. El territorio, la geografía, es a la vez base física (que nutre de recursos y posibilidades, pero también de condicionantes) y posición en el mapa, de la que se derivan «rentas de situación» por las que han pugnado en la historia naciones e imperios.

Durante siglos la geografía ha sido pródiga con algunos pueblos y más cicatera con otros, pero tirana con todos. Mares y océanos, cordilleras y valles… obligaron al ser humano a vencer barreras y a convertir obstáculos —como los cursos fluviales— en ventajas, al tiempo que proveían de defensas naturales frente a las ambiciones ajenas. Las dificultades (y los costes) de comunicación imponían distancias físicas que terminaban siendo sicológicas, conformando identidades nacionales que en muchos casos perduran hasta nuestros días.

Pero Gaia, o Geo, que gobernó el mundo desde el Caos primordial, pareció perder sus atributos divinos con la llegada de los tiempos modernos: las nuevas formas de comunicación —terrestres, marítimas, aéreas— y, si cabe, de telecomunicación —del inicial telégrafo al actual Internet— vinieron a difuminar la importancia del factor geográfico, hasta unos extremos que en la era reciente de la globalización hicieron pensar a algunos (¡el mundo es plano!) que el yugo se había liberado.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Gaia, quizá distraída por un tiempo en su lucha contra Urano, ha vuelto con la imparable furia que es rasgo de su deidad. Ya casi no es posible hablar de política o de economía sin aplicarles el prefijo geo-: geopolítica, geoeconomía… o geoestrategia. La geografía sigue importando, quizá más que nunca. Hay hasta quien se empeña en cambiar los topónimos que la historia ha forjado con la vana ilusión de crear realidades alternativas. La realidad es, no obstante, tozuda: cada cuello de botella, cada chockpoint —por decirlo con el extendido anglicismo— del mundo actual puede (y seguramente debe) leerse con un mapa en la mano.

Por ello, el CÍRCULO CÍVICO DE OPINIÓN ha encargado a su vicepresidente Emilio Lamo de Espinosa, expresidente del Real Instituto Elcano y gran especialista en el análisis de las coordenadas sociales, políticas y económicas que rigen el escenario mundial, un documento que responde a dicha renovada atención a lo geográfico. No solo se examinan siete casos relevantes (Ormuz —Irán—, Estados Unidos, Rusia, China, Europa, Oriente Medio y la península ibérica), sino que se enlaza la variable geográfica con lo que sucede cuando esta misma cambia. Como señala el autor, «el cambio climático introduce una novedad extraordinaria: convierte la propia geografía en una variable histórica. No desplaza las cordilleras ni mueve los continentes, pero modifica aquello que verdaderamente importa a quienes los habitan (…). El cambio climático no pone fin al imperio de la geografía; cambia la geografía sobre la que ese imperio se ejerce.» El cambio climático, en efecto, nos devuelve brutalmente al mundo físico, donde, además, la geografía del problema no casa ni lejanamente con la geografía del poder que podría paliarlo. De todo ello el lector hallará en este Cuadernos cumplida referencia.

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CÍRCULO CÍVICO DE OPINIÓN
26 de octubre, 2026
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