POSICIONES 4 

Economía española: corregir el ajuste para iniciar el crecimiento.

Al final del otoño de 2012, sostenía el Círculo Cívico de Opinión (POSICIONES, 29 de noviembre) que había “indicios ciertos, aunque todavía leves” de un cambio de tendencia en la economía española. Pocos lo reconocían por entonces; ahora más voces lo proclaman, pues tales indicios ya se han hecho firmes.

El ejercicio de 2012 finalizó con una economía que era al fin capaz de ajustar su gasto a la renta producida, después de catorce años en que había necesitado creciente financiación exterior por gastar en exceso. Con otras palabras, el ajuste, la tarea más urgente que la economía española tenía ante sí –criterio reiteradamente expresado por el Círculo Cívico de Opinión-, ya se ha realizado.

Sin embargo, se trata de un ajuste desequilibrado y precario. Desequilibrado, porque ha recaído dura y casi exclusivamente sobre el sector privado de la economía, soportándolo mucho más levemente el público. Precario, porque el modesto ajuste de las Administraciones públicas se ha hecho a base de recortes que no se pueden prolongar indefinidamente, con olvido o aplazamiento de las reformas que conducen a ahorros permanentes. Recortar es más fácil que reformar.

Son muy altos, en todo caso, y no están equitativamente repartidos los costes económicos y sociales de lo así realizado, creando una situación de emergencia a escala nacional por más de un motivo, lo que demanda imperiosamente iniciar un proceso de crecimiento firme y sostenido. Los niveles de desempleo son insoportables, en especial entre los jóvenes, el empobrecimiento de colectivos sociales enteros nos devuelve a tiempos que creíamos superados definitivamente y el aumento visible de la desigualdad es caldo de cultivo de malestar social.

Pero  iniciar el proceso de crecimiento exige correcciones en la política de ajuste. Es necesario que las Administraciones públicas asuman una mayor carga en la contención del gasto, dando un impulso a las reformas pendientes. Es preciso también crear un marco institucional favorable a la actividad empresarial, pues es en la empresa privada donde debe crearse el empleo que falta. Y es imprescindible, por último, ganar interlocución en las instancias europeas para superar cuanto antes la restricción financiera que impide la recuperación.