CUADERNOS 25

El bienestar complementario: la contribución de las empresas a la protección social.

El sistema español de protección social es uno de los mayores logros de la sociedad española en las últimas décadas. Es un sistema que, aun con algunas debilidades conocidas, se compara muy dignamente en nivel de esfuerzo, cobertura y equidad con los más desarrollados de Europa. Si se mira hacia atrás, es un logro que debe ser defendido con vigor. Pero, si se mira hacia adelante, es un logro que no está garantizado por su pasado.

Y no solo por los problemas que pueden venir de su sostenibilidad financiera. La ciudadanía social y la calidad de vida son constitutivamente móviles y crecientes. La sociedad postindustrial ha traído nuevos riesgos de desprotección y la revolución digital ya ha avanzado otros nuevos. El sistema de protección social no se compone solo del pilar del bienestar social público. Esto es algo tan evidente como poco recordado.

El bienestar público, provisto por los estados en la forma de servicios públicos o de transferencias monetarias, es el pilar central e irrenunciable del sistema de protección. Pero es ya bien conocido que hay otros dos pilares: el llamado bienestar ocupacional, que se refiere a las prestaciones que los empleadores proporcionan, voluntaria y/o contractualmente, a sus empleados; y el bienestar fiscal, que alude al conjunto de exenciones impositivas e incentivos fiscales con fines similares a los que generan los servicios y prestaciones del bienestar social.

Recordar la existencia de estos otros dos pilares, medir su desarrollo e indagar sobre sus potenciales contribuciones, no implica sospecha sobre la función del pilar público. Es reconocer hechos y, con ello, ampliar el marco de referencia de cualquier esfuerzo de mejora del sistema de protección social.