CUADERNOS 28

Fiscalidad internacional: competencia entre países y paraísos fiscales. ¿Un problema irresoluble?

La fiscalidad se ha convertido en un campo de batalla en la economía internacional. Diversos países perdonan impuestos y ofrecen opacidad a empresas y particulares, creando distorsiones en la competencia empresarial, dificultades a las haciendas de las demás naciones y facilitando el blanqueo de capitales de las actividades ilegales.

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Los llamados paraísos fiscales viven una edad de oro por el drástico abaratamiento de las comunicaciones, su creciente rapidez y la mayor capacidad del proceso de datos, que hace complicado el rastreo de operaciones financieras complejas.

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La fragmentación de los procesos productivos a través de las cadenas globales de valor y la nueva economía de soporte digital han debilitado la significación de la territorialidad en la actividad económica, que era una piedra angular de las haciendas tradicionales. Los grandes grupos empresariales que dejan de pagar impuestos a través de paraísos fiscales y las empresas digitales que no tributan donde operan perjudican a las empresas que pagan sus impuestos y, además, falsean la competencia. En las haciendas nacionales los perdedores son los grandes impuestos directos: sociedades, renta y patrimonio.

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El problema de la fiscalidad internacional es la dimensión internacional de la economía sumergida. Urge suprimirla por sus efectos negativos sobre la competencia empresarial, la recaudación de las haciendas y los riesgos de blanqueo de capitales procedentes de actividades delictivas.

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El problema es aún más grave cuando se da en un área económica e institucionalmente integrada, como la Unión Europea. Esta tiene la obligación de conseguir que desaparezcan las discriminaciones fiscales, armonizando las bases del impuesto sobre sociedades y desautorizando a aquellos miembros que facilitan la elusión fiscal de grupos multinacionales. En perjuicio de los demás países, de sus empresas tradicionales que cumplen y de sus haciendas públicas. La construcción europea no puede admitir “gorrones”.

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