CUADERNOS 15 

La reforma constitucional y Cataluña.

Es fama que los políticos españoles no han solido ser, a lo largo de la historia, favorables a las reformas constitucionales. Cuando los textos fundamentales devienen inservibles para ordenar la convivencia o responder a las transformaciones de la sociedad, se dejan decaer hasta la decrepitud, se derrumban con un empellón revolucionario y final y se establece en su lugar una Constitución de nueva planta, que se aplica luego hasta que el mismo proceso degenerativo vuelve a repetirse.

Una situación de ese tipo está presente desde hace unos pocos años en España. La Constitución vigente se ha mantenido incólume por más de una generación y ese es tiempo más que largo para que se hayan evidenciado sus defectos de origen y manifestado algunas inadaptaciones a realidades que no se tuvieron presentes cuando se aprobó.

Estas constataciones no deberían considerarse de naturaleza crítica sino más bien como elogios a la Constitución vigente porque constatan que ha servido de un modo muy eficaz para organizar el Estado y garantizar los derechos de los ciudadanos durante un largo período de bienestar y progreso. Cualquier crítica global a su contenido, cualquier deseo de derribarla desde su planta, sería desmesurado, infundado y aventurero.