Mucho que recordar en Ucrania

Artículo de Araceli Mangas Martín en El Mundo, 27/02/2023.

LA SEGUNDA AGRESIÓN rusa a Ucrania en este siglo será recordada por ser una guerra en dos tiempos (2014 y 2022) de alcance geográfico limitado a los combates en Ucrania, pero de alcance mundial en lo político, económico y financiero. Y con el riesgo de que pueda ser la primera fase de un conflicto de alcance mayor.

Putin puso como excusa de la invasión detener un supuesto genocidio que situaba en las regiones ocupadas en 2014 y controladas por Rusia. Sin embargo, el agresor ruso no había notificado nada antes del 24 de febrero de 2022 al Consejo de Seguridad de la ONU (CSNU), ni a su Consejo de Derechos Humanos, ni a la Organización de Seguridad y Cooperación Europea (OSCE), ni al Consejo de Europa (como le reprochó la Corte Internacional de Justicia –CIJ– en marzo de 2022).

La manipulación rusa pretendió diluir su propia agresión en la legítima defensa; pero es de cultura general que la legítima defensa (también en el derecho penal) requiere un previo ataque o una amenaza inminente y grave. Es cierto que Rusia ha copiado argumentos de la Presidencia de Bush en 2003 cuando inventó la doctrina de la legítima defensa preventiva para agredir a Irak.

Esa falsa doctrina, en 2003 y 2022, ha sido rechazada en general por los Estados y medios académicos: no es posible prever con certeza lo que puede pasar por «juntar palabras» sin hechos probados y reconocidos que constituyan amenazas. Solo ese primer uso de fuerza da derecho a la legítima defensa según la normativa que desgrana qué hechos son una agresión. La guerra preventiva es ilegal e inmoral. Por eso Ucrania está en el lado bueno del derecho y está facultada para usar la fuerza armada para repeler al agresor ruso de todo su territorio.

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